Las emociones al servicio del liderazgo

¿Qué se necesita para ser un buen líder?

Julio César, Abraham Lincoln o Juana de Arco son tres casos que han pasado a la historia como ejemplos excelentes de liderazgo. 

¿Qué hicieron Julio César, Abraham Lincoln o Juana de Arco para ser recordados como líderes destacados?, ¿qué cualidades de liderazgo podemos destacar en ellos?,¿qué convierte a una persona en el candidato perfecto para liderar un equipo?

La respuesta no solo está en las matemáticas ni en el estudio de la historia o geografía, sino en sus habilidades personales y sociales, algo con lo que no se nace, sino que se aprende e incorpora con diferentes técnicas y prácticas.

Una de las principales habilidades del liderazgo es la comunicación. Un buen líder debe saber escuchar, empatizar y ser claro en lo que desea transmitir, es decir que hay una relación directa entre comunicarse con éxito y liderar con éxito.

El desarrollo de la inteligencia emocional es fundamental en el objetivo anterior, nos va a ayudar a reaccionar de manera eficiente ante situaciones difíciles, con un tono y lenguaje corporal y verbal apropiado.

¿Y qué es la Inteligencia Emocional? Pues es la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y las de los demás, de motivarnos a nosotros mismos y de manejar bien las emociones en nosotros y en nuestras relaciones.

Según Daniel Goleman, existen cuatro partes fundamentales en la IE:

  • La conciencia de uno mismo. Ser capaz de conocer las propias emociones.
  • Gestionarse a uno mismo. Saber manejar de forma adecuada las emociones es clave para afrontar los problemas.
  • Empatía.Reconocer las emociones en los demás. Tener empatía hará que una persona este mejor adaptada a lo que otras necesitan o quieren y por tanto estará mejor adaptada socialmente.
  • Manejar bien las relaciones. Es tener la habilidad de manejar las emociones de los demás. Colaborar, comunicar, ser bueno en equipo, resolver conflictos, persuadir, influenciar a la gente. Todas ellas son habilidades sociales que hay que aprender y practicar.

Profundizamos en nuestros tres personajes históricos para descubrir otras habilidades que pueden convertirte en un buen líder.

Conexión 

Dicen que Julio César sabía el nombre de todos los soldados que luchaban con él, y que Abraham Lincoln, durante su presidencia, permitió a los ciudadanos que fueran a verle a su oficina para establecer lazos personales con ellos.

Juana de Arco, por su parte, era una líder democrática, no tomaba ella sola las decisiones, sino que preguntaba siempre a su ejército para construir un argumento sólido y poder tomar la mejor decisión.

Crear vínculos es muy importante para ganarse la confianza de un equipo y para afianzar el liderazgo

Habilidades de comunicación

Para ser un buen líder es necesario erigirse como un buen comunicador, para poder transmitir con claridad los mensajes y para implicar al equipo. Por tanto, un líder procurará entrenarse en el arte de la oratoria y aprender técnicas de comunicación.

Pasión y motivación

Creer en lo que haces y contagiarlo a los demás es fundamental para que un proyecto sea exitoso. Los tres líderes fueron auténticos motivadores de sus ciudadanos y de sus tropas respectivamente; eran valientes, apasionados y tenían bien desarrollada su parte más sentimental. 

No hay que olvidar que son los demás los que nos permiten ser líderes

Así que, para poder guiar un equipo hasta el fin del proyecto con entusiasmo, dependerá de la confianza que inspiremos y de la positividad con la que asumamos los diferentes retos que se vayan presentando. La empatía será un buen aliado del líder para entender cómo se siente cada miembro dentro del equipo.

Compartir información y delegar poder

La era digital ha facilitado un nuevo modelo en las empresas que permite un trabajo más colaborativo donde el mánager o líder debe saber transmitir cómo conseguir los objetivos. 

Asegúrate de que tu equipo esté bien informado, entienda tu visión y conecten con el para qué del proyecto u objetivo. Cuanta más información tengan, mejor van a entender los procesos a seguir, y cada uno podrá explorar en sus fortalezas para ponerlas al servicio del proyecto. 

Un líder no solo se encarga de retener el talento en su equipo, sino que trata de revelar todo su potencial y lo mantiene motivado en la búsqueda de la excelencia. 

Juana de Arco se concentraba en una meta en particular mientras sus colaboradores disponían de mucho espacio para la creatividad y realización de sus tareas sin perder el manejo de la estrategia a través del líder. 

Cuanto más poder da el líder, más poder tiene su equipo. Las tareas de control de procesos y orden por parte del mánager dan paso al trabajo más colaborativo y transversal.

El líder debe estar para apoyar a los suyos, comprendiendo y conociendo sus dificultades y propuestas, y así poder tomar decisiones efectivas y exitosas. Como Julio César, el líder debe permanecer presente y accesible para el equipo, y guiarles hasta la finalización del proceso.

Felicitar y celebrar los logros

Si algo caracterizaba a los ejércitos y actualmente en los equipos de deporte, es el sistema de recompensa por los logros conseguidos, y la celebración.

Comunicar a tu equipo los logros que vas consiguiendo, hacerles partícipes de ello y celebrar y felicitar los éxitos comunes, refuerzan tu liderazgo y multiplica la motivación y unión de las personas que trabajan en él.  

Hay un cambio de paradigma en cuanto a la figura del líder y al patrón de organización jerárquica de las empresas.

La era digital, las nuevas comunicaciones y el desarrollo de la Inteligencia Emocional en la sociedad, conciben un nuevo modelo de líder más cercano, más colaborativo, más conectado con su equipo, en definitiva, más en sintonía con la actual y necesaria humanización de las empresas.

La conexión con uno mismo y con los demás es fundamental en estos tiempos, aprender de otros líderes, cosechar experiencia y compartir y celebrar los logros son cualidades que pondrán valor a tu capacidad como líder.

La experiencia es la maestra de todas las cosas”. Julio César

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