Piensa en un problema que en estos momentos te está absorbiendo gran parte de tu energía. Que además, sea una situación que emocionalmente te comprometa y te haga despertar el estrés y la ansiedad. Puede que incluso estén involucradas en el asunto varias personas, todas ellas con sus propias casuísticas y sus propios puntos de vista, y puede que todo ello, mezclado con tu día a día, trabajo, familia, ocio y algo de tareas y asuntos propios, te esté elevando el cortisol, y que por las noches recrees toda la historia en tu cabeza quitando horas a un sueño reparador que podría otorgarte otras perspectivas.
Pues bien, hagamos un ejercicio. Una vez pensado en el problema, hagámoslo presente, hagámoslo terrenal y bajémoslo de esa nube creativa que es nuestra imaginación. ¿Si éste fuera una serie de Netflix, cuál sería? ¿Y si fuera un color? ¿Y si fuera un país? ¿Y si tuvieras una bola de cristal que te permitiera ver el futuro, qué hiciste hoy para resolverlo?
Ahora, después de intentar responder a todas estas preguntas, que quizás te parezcan algo extrañas y pintorescas, hemos relajado nuestro cerebro límbico para, con ello, bajarle el volumen a las emociones que se nos despiertan con tan sólo visualizar ese problema que no nos deja dormir en paz. Una vez relajadas esas emociones y poniendo a raya el cortisol, hemos activado nuestro cerebro pensante, el analítico, el que nos hace reflexionar, el neocórtex. Queriendo buscar la mejor respuesta a nuestras preguntas, nos hemos transformado en un modo mucho más abierto a evaluar la importancia de nuestra cruenta situación.
¿Y qué toca ahora? Ponernos creativos. Intenta visualizar tu problemática y pinta un árbol en una hoja en blanco. Como quieras; no tienes que ser un artista. Simplemente pinta un árbol y, con calma, una vez pintado, ese árbol representará tu problema. Y ahora, unos minutos más, para intentar visualizar: ¿Cómo sería el bosque de ese árbol? Es decir, ¿cómo es el contexto que estás viviendo si, de alguna manera, encapsulas el problema en un simple árbol que forma parte de un todo?
Este ejercicio de visualización nos va a ayudar a:
- No dejarnos llevar por las emociones, que estando demasiado vívidas nos empujarán a escoger la estrategia menos efectiva.
- Por otro lado, empezaremos a analizar la situación cuestionándonos a nosotros mismos, como quizás los únicos que podemos, no resolver la dinámica en cuestión, pero sí evaluar cómo queremos sentirnos ante la misma.
- Y finalmente, dibujando el árbol (mi problema) y el bosque (mi contexto) nos regalamos perspectiva. Cuando un problema nos absorbe parte de nuestro día a día, dejamos de tener perspectiva, dejamos de tener la capacidad de buscar nuevas salidas, nuevos caminos. Dejamos de ser espabilados y creativos y de pensar en otras alternativas, porque somos incapaces de desprendernos del problema.
Por ejemplo: “No puedo con la habitación de mi hija, está desordenada; deja la ropa sucia tirada por el suelo, mantiene latas de Coca Cola desde la semana pasada y algunos platos sucios”. Esta situación es incómoda y puede que, aunque parezca algo tonto y sin enjundia, nos esté comiendo los nervios, nos esté provocando dolores de cabeza, una actitud arisca en nuestro contexto laboral y un enfado constante en casa que nos ha ido cambiado el rictus de ser una persona alegre y divertida a convertirnos en la eterna preocupada y refunfuñona. ¿Y para qué? ¿Cuáles son los resultados que estás obteniendo con esa actitud? Seguramente la habitación de tu hija siga siendo “un bosque encantado”, pero tu relación con ella, con tu pareja y con tus otros hijos se esté deteriorando. Si pensamos en el bosque, quizás te des cuenta de que tu hija es una adolescente que tiene grandes valores, que es aplicada en los estudios y con la que habitualmente mantienes una comunicación abierta y fluida. Viendo la situación así, ahora puedas dar respuesta a preguntas cómo: ¿Cuál es el resultado que quieres obtener de esta situación? ¿Qué vas a hacer diferente para conseguir dicho resultado? ¿Qué puedes hacer tú para que las variables cambien?
Una herramienta eficaz, barata y sin compromisos, una vez te hayas sentado en soledad a dibujar tu árbol (tu problema) y tu bosque (tu contexto), es tomarte un café con amigos, escuchar con atención sus consejos, conocer sus historias, y entonces te darás cuentas que, como tú, hay mucha gente con el mismo problema, pero que cada uno te puede otorgar una herramienta distinta para resolverlo, para hacerlo pequeñito, manejable, para diseccionarlo y para no olvidarte de que tu contexto es realmente lo que te da sentido.
Desarrollar una fantástica vista de pájaro nos elevará de ese árbol robusto que sólo da sombra, para visualizar que hay más cosas, que hay más paisaje, que hay más herramientas que ya teníamos pero que no recordábamos porque nuestra mente estaba absorta en algo que, con perspectiva, necesitaba un mejor planteamiento para una correcta y eficaz solución.
Es un buen mes para empezar a dibujar bosques, para desdibujar árboles que nos oprimen el pecho e ir cerrando el año con la serenidad, el sosiego y la calma que da ver las situaciones con mayor perspectiva.
En AMAGI, no somos Picasso, pero es un placer acompañar a personas para discernir entre el problema y el contexto, evaluar los medios para lograr un resultado efectivo y construir planes de acción que aporten una perspectiva más clara, sana, creativa y de mayor amplitud. Te recomendamos practicar mindfulness de forma previa a este proceso, para poder detenerte un momento, calmar la mente y conectar contigo antes de comenzar a analizar el problema y su contexto.
¿Dibujamos?
Vanessa Gil