A las puertas de cerrar el 2024, de sellar todas nuestras risas, de encerrar en recuerdos las lágrimas, de brindar por los contratos adquiridos y de diluir la frustración de aquellos movimientos empresariales que no salieron según lo esperado… es muy probable que, entre muchas de las fiestas, compromisos y encuentros de estos días, la mente viaje como si fuera una imperfecta máquina del tiempo a todos los acontecimientos de este año. Apenas serán unos minutos de reflexión, porque este mes parece que todo termina y necesitamos despedirnos, abrazar, felicitar el año próximo, desearnos salud, dinero y amor, y el mundo, ya de por sí veloz, se convierte durante este mes en un sitcom a 1.5 de velocidad.
Y en esos viajes en el tiempo muy probablemente nos acordemos mucho más de aquellos momentos negativos. Aquellos instantes de frustración, de pena, de tristeza, de no lograr lo esperado, y al realizar la evaluación mental del 2024 seguramente se nos quede cierto sabor agridulce.
¿Y por qué nos ocurre esto?
Porque el ser humano tiene el sesgo negativo mucho más desarrollado, y ello supone una interpretación errónea de la información que influye en cómo procesamos los pensamientos, qué tipo de juicios realizamos, qué emociones nos propician dichos juicios y, en definitiva, condiciona nuestra toma de decisiones. Seguramente en origen el sesgo negativo tenía una maravillosa tabla de salvación para ayudarnos a sobrevivir.
Pongamos un ejemplo de cómo funciona el concepto de sesgo negativo creado por los israelíes Kahneman y Tversky en 1972:
Si a lo largo de este año nos ha dejado nuestra pareja, nos han promocionado en el trabajo, hemos podido dar la entrada para nuestra primera casa y hemos tenido un constipado desagradable que se ha alargado en el mes de febrero más de tres semanas, seguramente evaluemos este año como regular tirando a malo.
¿Por qué?
Porque nuestra voz interior, ese famoso “Pepito Grillo” ejercitado en el sesgo negativo, nos recordará que estamos solas, que después de 10 años de relación tenemos que empezar de cero, que quién a mis 45 años me va a volver a querer, que he perdido parte de mi vida, y que la salud ha sido mediocre porque no levanté cabeza en todo el invierno. Y así, nuestro “yo narrativo” ha creado una película en nuestra cabeza, interpretando una realidad que podría anclarse en otros factores seguramente más positivos, más enriquecedores y saludables para nuestra psique.
Y entonces, ¿qué hacemos para poner un broche de oro a este año 2024, que como todos los años ha sido un río inmenso de acontecimientos que nos han hecho más grandes, más fuertes, más sabios y nos han puesto a prueba en infinidad de micro retos que hemos sabido sobrellevar?
Tirando de la experiencia de la psicología positiva, en AMAGI creemos que una gran herramienta para transformar la narrativa de nuestra vida es poder conectar conscientemente con el AGRADECIMIENTO.
Cuando hablamos de agradecimiento, no es dar las gracias de una manera superflua por la vida que llevamos ya que “otros están mucho peor”; es tener a lo largo del día unos momentos de calidad para visualizar lo logrado, las herramientas que hemos ido desarrollando con cada reto que ha ido apareciendo, las personas que nos han echado una mano en este camino, las estrategias que, aun pareciendo imposibles, nos hicieron progresar, la valentía que mostramos al querer salir de la zona de confort cuando todos a mi alrededor estaban inundados por el miedo y me vaticinaban el peor de los escenarios… Y si realmente empezamos a ser conscientes y a agradecer cada uno de estos pasos, nos daremos cuenta de que los días están conformados por muchas micro situaciones más positivas que negativas porque el coste-beneficio de las mismas no es de pérdida.
Ocurre que como muchas de estas situaciones son parte de la rutina y ésta ya es conocida por nuestro piloto automático, no le damos el valor que realmente tienen porque las damos por hecho y dar por hecho es desconectarse de tu vida, de tu mundo, de tu realidad, de los matices infinitos que son facilitadores de tu día a día. Por ello, agradecer nos ayuda a evaluar conscientemente las palancas que como personas y profesionales tenemos.
Agradecer va a mejorar nuestra salud mental y nuestro bienestar emocional porque disminuirá los niveles de estrés y de ansiedad. Generaremos relaciones más estables y fuertes porque agradecer al otro supone, desarrollar empatía, mirada apreciativa y comprensión.
Además, el agradecimiento es la mejor almohada ya que hay estudios que demuestran que al ser agradecidos, transformamos nuestro “yo narrativo” en un tipo positivo que hará que mejore la calidad de nuestro sueño y, en definitiva, seremos personas más felices y satisfechas si nos lo proponemos. Y digo si nos lo proponemos porque esto requiere tiempo, práctica e invertir en el gimnasio de la cabeza que es seguramente el gimnasio más arduo pero que a medio y largo plazo es el gimnasio que más aporte de valor tendrá en nuestro cuerpo, nuestra mente y en nuestra forma de actuar e interactuar.
Y en AMAGI cerramos estas últimas palabras del año dando las GRACIAS CONSCIENTES, a todas aquellas personas que nos dijeron sí, que nos regalaron su tiempo, su entrega, sus ganas de transformarse y nos han hecho partícipes de sus pequeños grandes cambios.
¿Y tú qué le agradeces al 2024?
Vanessa Gil