Skip to content

Autoconocimiento: cómo conocer tu mente para tomar mejores decisiones

tomar mejores decisiones

Es Navidad, algunos dirán: ¡Por fin es Navidad!, otros dirán: ¡Uf qué pereza la Navidad! y esto va a depender de infinidad de elementos, de cuánta melancolía tiña nuestras vidas, de cuántas personas iluminen nuestro presente, de cuánto agobio empañe lo realmente importante, de cuántos gramos de rencor esté cargando nuestra alma y de cuánta magia seamos capaces de ver; no en las luces que engalanan nuestras calles, no en las tiendas donde todo grita cómprame para llenar una satisfacción fugaz como las propias estrellas, no en la vasta comida que deja de ser gourmet, para ser un empacho cuanto menos costoso. 

La magia aparece cuando dedico el tiempo para evaluar cómo ha ido mi año, qué he aprendido, qué puedo mejorar, qué personas nuevas se han convertido en regalos inesperados, qué personas de toda la vida están creciendo a nivel vital y te siguen dando el permiso de estar presente en sus caminos. Magia cuando evalúas quién quieres ser, o quién quieres seguir siendo, cuando determinas qué es negociable y qué no es negociable en tu vida porque te aleja del sentimiento más fructífero, y no es el de la felicidad, es el de la serenidad

Tirando de etimología, serenidad del latín serenitas, -ātis, que a su vez deriva de serēnus, significando «claro, puro, sin nubes». Y leyendo esto: “claro, puro, sin nubes”. Seguramente aparezca en tu mente, un cielo despejado, un espacio infinito de azul, perfecto para pintar futuros desde una perspectiva nívea.

Aunque parezca increíble, la serenidad es un sentimiento intrínseco, es decir, si sé cómo emularlo, puede haber mucho ruido, mucha distorsión, mucha incoherencia, mucha crispación y la tan famosa polarización fuera, que dentro de mi propio ser puede aparecer por voluntad propia, cuando he hecho la labor más importante que el juego de la vida nos propone, y es conocerme

Conocernos, supone ser investigadores de nuestro propio cuerpo. Tener la curiosidad de saber qué personas nos suman, qué trabajos me hacen olvidar el tiempo y el propio cansancio, qué patrones de comportamiento me llevan a elegir situaciones parecidas con protagonistas diferentes, con espacios físicos distintos, pero con un resultado común, el dolor. 

Y para ello, como siempre, recojo una frase de los antiguos que quizás en ausencia de móvil y con más aburrimiento, eran creadores de sabias reflexiones: «Mens sana in corpore sano» es una locución latina que significa «mente sana en cuerpo sano», popularizada por el poeta Juvenal siglos I-II d.C.

Y me voy a centrar en la mente sana. Porque nuestro cerebro, que es el órgano timón que dirige nuestras vidas, el que impulsa decisiones, el que ejecuta tus emociones, el que construye presentes, puede ser un Ferrari o un Seat Panda con todos mis respetos. Y esto ¿de quién depende? ¿De tu ADN? ¿De tu coeficiente intelectual? En parte, pero sobre todo depende de lo que tú decidas hacer con él. 

Si apuestas por conocerte, te darás cuenta con mucho dolor y sufrimiento de que estás siendo víctima de maltrato, de que puede que estés eligiendo relaciones tóxicas porque estás siendo un peón dentro del Triángulo dramático de Karpman, donde a veces en tus relaciones eres la víctima, o quizás el perseguidor, o incluso pretendes ser el salvador. 

Puede que estés en un trabajo que no sabe sacar lo mejor de ti, porque crees que no lo mereces, puede que estés por el contrario en un puesto de relevancia, rodeado de alabanzas y ni tú misma te las creas, puede que un nudo en el estómago esté demasiado presente porque tu mente vive enganchada a una droga, a una relación idealizada, a un móvil, a una cerveza, a una persona y enganchada sientes en momentos de lucidez que vives esclavo y perdiste el poder para reconducir el timón de tus pensamientos y el valor de tus decisiones. 

Y sin más, cuando el cableado de tu cerebro está tan embrollado, abdicas, te dejas ir, te mueves por la inercia de otros porque crees que es imposible cambiar tu presente y diseñar realidades alternativas.

Y aquí la neurociencia nos despierta del íncubo, nos susurra al oído que nuestro cerebro puede vivir mil vidas si se lo permitimos. Puede eliminar esas autopistas neuronales ancladas desde hace años y que nos empujan a tomar decisiones de consecuencias desastrosas, gracias a su neuroplasticidad. Y esa capacidad de difuminar autopistas neuronales tóxicas para que con consciencia podamos propiciar sinapsis neuronales que satisfagan nuestra rutina se consigue con terapia, coaching, un buen libro que me lleve a actuar de forma diferente, una conversación que me invite a pedir ayuda, sin huir, sin querer ser otra, sin tiritas que no curan, apostando pues, por conocerme, con el maravilloso equilibrio de mis luces y mis sombras, y cuando esto ocurre, empiezas a ser más dueño de ti. 

Empiezas a elegir vivir sereno contigo mismo, empiezas a ver el ruido, la distorsión, la incoherencia, la crispación y la tan famosa polarización como elementos externos que, si me engancho a ellos, deterioran mi estado de salud, descabezan mi pensamiento crítico, dilapidan mi propia toma de decisiones eligiendo yo más desde el delirio de otros que desde mis propias evidencias.

Así que “En estas Navidades, turrón de chocolate, en estas Navidades a trabajar el autoconocimiento y la neuroplasticidad”.

Brindemos pues por un 2026, donde conocernos sea un propósito, donde descubrir qué nos hace bien, una necesidad, donde saber elegir qué decisiones comprometen un mejor futuro no sea una quimera sino una realidad.

Gracias a todas las personas que dedicáis unos minutos de vuestras vidas a leernos, a recomendarnos y sobre todo a tener la valentía de probar, de accionar y de redescubrir mejores versiones. 

Vanessa Gil y el equipo de Amagi 

NEWSLETTER

Descubre consejos, tendencias e historias sobre cómo mejorar el rendimiento en tu organización

Los datos que nos facilite mediante este formulario serán almacenados para enviarle información sobre novedades y boletines de la empresa, cumpliendo en todo momento con la normativa de protección de datos. Al marcar la casilla correspondiente y enviar su mensaje, confirma que ha leído y acepta nuestra Política de Privacidad.