- “Me siento en una crisis existencial, me cuestiono mi papel como madre y creo que me he olvidado de ser esa mujer inteligente, ejecutiva, productiva, con seguridad en mí misma que prometía tener un futuro brillante en la universidad y ahora…”
- “Llevo veinte años de mi vida en la misma empresa, he visto crecer a muchos de mis compañeros, he visto pasar de largo algunas oportunidades porque mi necesidad era conciliar mi vida personal con mi vida profesional. Tengo miedo de perder esa conciliación, que es mi motor de vida, pero, por otro lado, siento que me estanco, siento que mi familia ya no depende tanto de mí y ahora quiero descubrir quién soy yo, qué puedo alcanzar a nivel profesional, cómo darle un giro a mi carrera y recuperar la ilusión, la motivación y las ganas.”
- “Todo es perfectamente estable en mi vida, no tengo quejas, no tengo grandes problemas. En el trabajo tengo más control que nunca de lo que hago, con mi pareja hemos llegado al punto de conexión que con sólo mirarnos hay entendimiento, con mis hijos después de los tornados de la adolescencia, estamos en un escenario más sereno y más comunicativo, pero hay algo dentro de mí que no se siente satisfecho…”
Tres historias que se producen como un monólogo interno en muchas cabezas. Historias que pueden ser ejemplos de las llamadas crisis existenciales o crisis vitales.
Como estamos en el primer mes del año del 2025 y “la cuesta de enero” puede provocar un aumento de este tipo de monólogos, nos alegra mandaros el siguiente mensaje: ¡Feliz crisis existencial!
Quizás estéis pensando que en AMAGI nos hemos vuelto locas felicitándoos por tan ardua empresa como la de enfrentarse a una crisis existencial; donde físicamente estás estancado, el estancamiento te lleva al cansancio emocional, el cansancio emocional a la frustración y ésta viene de la mano de la desmotivación y con ella, el agujero negro es cada vez más ancho y más negro. Este agujero negro tiene como última estación “la ceguera”, entendida como la no capacidad de ver otras opciones o escenarios y dejarnos finalmente sentados en el sillón de casa pensando “Y si…” pero sin ejecutar nada concreto.
Las crisis existenciales son absolutamente necesarias, ¿por qué?. Porque nos vienen a informar de que alguna de nuestras necesidades en este momento puntual de la vida, no está siendo satisfecha. Vivimos tan rápido, con un ritmo que pega cual Superglue los días con las noches, las semanas con los años… Que el cuerpo como templo sabio, decide frenarnos, decide empujarnos a vivir ciertas emociones como la tristeza o la frustración con el objetivo de dejar de mirar hacia fuera y colocar la lente hacia adentro para ver a través de la introspección los matices de un nuevo “yo”.
Diferentes tipos de crisis existenciales
Ante este tipo de crisis, lo más probable es que nos falte el entendimiento y entonces comenzamos a “echar balones fuera”, el problema es mi pareja, o mis hijos adolescentes, o quizás que mi responsable no me promociona o puede que mis amigas se hayan acomodado y cada vez escasean más los planes juntas… Culpamos al otro, lo responsabilizamos y dejamos de entender cómo todo lo que un día funcionaba ahora ha dejado de fluir. Y esa falta de entendimiento con respecto al mundo exterior, no deja de ser una falta de comprensión con una misma. Quizás si me paro y reflexiono, me doy cuenta de que mi enfado y mi frustración provienen de mi necesidad no cubierta de afecto, o de colaboración, o de reconocimiento laboral, o quizás sienta una necesidad imperiosa de socializar.
Pasos para afrontar una crisis existencial
Si el primer paso para encarar este tipo de crisis es darte cuenta de cuál es la necesidad que deseas saciar y para ello, paras y reflexionas, el segundo paso es soltar el control y transitar las emociones que aparecen en ese momento. Sin cuestionamiento, pero sí con responsabilidad. Saber aceptarlas y verbalizarlas para que el mundo que nos rodea sepa en qué punto nos encontramos, nos hará ser no sólo empáticos con nosotros mismos y con el resto, sino que además estaremos construyendo un entorno más compasivo. El gran problema de las emociones es que como son incómodas en ocasiones, carecemos de las herramientas para expresarlas y las disfrazamos de rabia y de enfado con el otro y esto nos regala un cierto alivio que precede al malestar personal y de nuevo a ese vacío.
Cuando estemos abiertos a sentir, hemos llegado a la estación de análisis, de poner nombre a mi necesidad y de entender que mi necesidad es mía, y de nadie más. Yo tengo que buscar las herramientas para saciarla, mi propio plan de acción, mi propósito y cuando haya abierto los sistemas de atención de mi cerebro, éste aparecerá, al principio algo difuminado. Después se darán, como los bebés los primeros pasos de ensayo y error, pero luego nuestra mirada se volverá cónica, tendremos algo por lo que levantarnos, por lo que aprender y por lo que accionar. Y aunque estemos dentro de la tormenta, y los oscuros predominen versus los claros, estamos en movimiento, estamos transitando este momento personal que sólo buscaba redireccionar el foco hacia mí, me, conmigo.
No somos muy partidarias de dar consejos, porque los consejos provienen de nuestra mochila, pero sí creemos en las poderosas peticiones como llave del cambio, por eso, este primer mes del año, te pedimos que estés atenta o atento a cuánto usas la queja durante tu propia crisis personal, porque aunque pueda ser una factible válvula de escape, quejándote estás debilitando una parte esencial de tu cerebro, el llamado hipocampo, tal y como ha descubierto una investigación de la Universidad de Standford.
¿Qué supone atrofiar esta parte del cerebro? Debilitar a largo plazo tus funciones cognitivas y tu capacidad para resolver problemas y menguar esa capacidad creativa e increíblemente poderosa de buscar soluciones.
Si sientes que necesitas apoyo para transformar este momento en una oportunidad de cambio, en AMAGI estamos aquí para ayudarte. Contacta con nosotros y descubre cómo podemos acompañarte en tu proceso de crecimiento personal y profesional.
¡Feliz crisis existencial! Porque detrás de ella hay una oportunidad de redescubrirte.
Vanessa Gil