¡Ay seguridad… seguridad…! La mayor quimera jamás inventada. Porque si lo piensas ¿qué es seguridad? Es un concepto tan complicado que ni la mismísima Real Academia Española presenta una definición sólida, contundente y con claridad, dice pues de la seguridad que es “la cualidad de seguro”.
De la seguridad de antes a la búsqueda de hoy
A muchos de nosotros nos habrán dicho desde pequeñitos, “estudia algo que te dé seguridad”, “coge este trabajo que te proporciona seguridad” y claro si preguntamos de dónde emanaban dichas voces, seguramente muchas de ellas, tenían connotaciones procedentes de la Guerra Civil, del hambre de la posguerra, de vidas agrícolas y ganaderas muy a la merced de las bondades o castigos del dios Zeus y del caprichoso rayo de la mano derecha. Y hoy, por el contrario, decimos a nuestros pequeños; “tú hija mía estudia aquello que te haga feliz” y claro, como la felicidad puede ser entendida como un concepto algo abstracto y subjetivo para cada uno de los espectadores de la vida, nos lleva a cambiar de trabajo cada dos o tres años como mucho, porque el aburrimiento que también es enemigo de la seguridad nos empuja a vivir nuevas experiencias. ¿Entonces? Si somos honestos y miramos nuestras vidas con ojo de águila imperial, seguramente te des cuenta de que ha habido cambios importantes que esperados o inesperados han modificado todo tu cableado neuronal, que te han enseñado otras realidades, e incluso te han retado tus propios valores y principios, han destruido en añicos tus expectativas de vida y te has recompuesto como nunca imaginaste que esto pudiera suceder. Porque seguridad es control y el control sigue siendo el tercer integrante del “trío quimérico” (seguridad, felicidad y control). Y es que en la vida pasan cosas, nos enamoramos, nos desenamoramos, volvemos al pisito de soltero con 62 años y paredes ajadas y sin amueblar tras nuestra segunda separación, enferman nuestros hijos, haces un cambio radical y decides dedicarte a diseñar bolsos, aunque llevas 25 años como directora en una sucursal bancaria. Apuestas por viajar y decides pasar el resto de tu vida, alejado de la ciudad, de sus bares, de sus prisas, de sus compras, de sus restaurantes chic con platos precocinados…
Hoy más que nunca, la seguridad es un concepto desdibujado, porque vivimos, con una sensación permanente de alerta, y es que “la IA nos quitará el empleo, y es que la inestabilidad política derivará en la Tercera Guerra Mundial, y es que las nuevas generaciones carecen de compromiso real y aparecen y desaparecen sin dar más explicaciones, y es que lo que siempre conocí como mi puesto de trabajo a mis cincuenta años es barrido por la innovación y tengo la dicotomía de volver a sentirme un pupilo o un renegado.”
¿Dónde buscamos seguridad?
Y así todo, nos empeñamos en buscar seguridad, pero puede que el objetivo de nuestra búsqueda, la tan ansiada seguridad, no sea el verdadero problema, quizás en vez de modificar el qué, deberíamos de reflexionar en el dónde. ¿Dónde buscas la seguridad? ¿Buscas la seguridad en tu trabajo? Quizás ¿en tu familia? O ¿en tus amistades? O ¿en el realizar millones de actividades a la vez para que el silencio te entorpezca tu totum revolutum de cosas y tu seguridad empiece a hacer aguas al dejar entrever tus propios fantasmas?
¿Cuál es el común denominador de todos estos conceptos anteriores? Piénsalo un poquito…
¡Vale te cuento! El trabajo, la familia, las amistades y las mil y unas actividades que me organizo para pensar lo justito… son aspectos externos a mi ser. Ergo, tengo el foco fuera en vez de poner el foco dentro. Y si tengo el foco en aspectos externos, y éstos varían porque todo lo externo es moldeable ¿Dónde estoy dejando el poder? ¿En ellos o en mí misma? Y cuando lo externo coge las riendas del poder, la arbitrariedad dictamina cada una de mis emociones.
Y como para hablar de conceptos quiméricos estoy, seguramente, desnuda de argumentos, rescato la reflexión de uno de los estoicos más importantes, Séneca, el cual expone:
La felicidad ¿en qué consiste? En tener una tranquilidad inalterable y una seguridad. Pero ¿quién nos la puede procurar? La firmeza para llevar a cabo las decisiones de un juicio sano, la grandeza del alma. ¿Y cómo podremos lograr estas virtudes? Cuando contemplamos la verdad sin ninguna nube, cuando conquistemos el amor y el aprecio de nuestros semejantes, cuando observemos un comportamiento decente, ordenado y comedido, cuando regulemos nuestras intenciones con el propósito de practicar el bien y el miedo a perjudicar a otros; cuando escuchemos la voz de la razón, cuando no olvidemos sus normas.”
La seguridad interior
Y ahora después de la elegancia de Séneca, hagamos un breve análisis de los verbos que utiliza y que son de nuevo la clave del éxito: contemplemos, conquistemos, regulemos, escuchemos… ¿Cuál es el común denominador de todos ellos? Que somos nosotros los protagonistas del cuento, que depende de nosotros sentirnos más o menos seguros, que no hay elemento externo que por muy caprichoso que se muestre nos haga tambalear, si viajamos a nuestro propio sistema operativo que hemos ido saneando y enriqueciendo con valores, hábitos y comportamientos saludables elegidos y escogidos por nosotros mismos. Podremos pues, respirar paz interior y desde la calma tener la mejor perspectiva para tomar las decisiones necesarias para alcanzar de nuevo el estado interior deseado. Y para reforzar aún más esa condición, es bueno preguntarse ¿Qué me alivia? Posiblemente, una buena rutina de ejercicios, compartir con gente que te regale más sonrisas que tristezas, una red de personas que te impulsen y sostengan dependiendo de la circunstancia, alimentos que me den energía y propicien una buena salud mental, un saber elegir qué pensamientos me potencian y cuáles me derrotan y aunque cueste, dar más valor a los primeros y desoír los segundos y seguramente darme el permiso de ir probando poquito a poco y sin grandes pretensiones eso de la tan manoseada flexibilidad. Que por supuesto tiene mil recompensas, pero todo y todos tenemos nuestro proceso. Que el proceso no se coma tu ilusión, que el proceso sea atractivo para que se consolide y solidifique tu nuevo sistema operativo.
Vanessa Gil