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Feedback y feedforward: La conversación que más se evita

Este artículo forma parte de una serie sobre liderazgo, escrita desde la práctica y la experiencia en nuestros programas de desarrollo de liderazgo y directivo, y apoyada en herramientas de evaluación como Leadership Circle Profile.


 
Cuando en un equipo hay conflicto enquistado, la primera pregunta no es qué pasó.
Es cuánto tiempo lleva sin haber feedback real.

El conflicto rara vez aparece de golpe. Se construye en silencio, conversación a conversación que no se tiene. Expectativa incumplida que no se nombra. Comportamiento que molesta y que nadie señala. Decisión que no se comparte pero tampoco se cuestiona.

Lo que llamamos conflicto es casi siempre el resultado acumulado de feedback ausente. Faltan conversaciones a tiempo.

Por eso el feedback no es una herramienta de evaluación. Es lo que mantiene vivo el sistema.

¿Por qué no se da aunque todo el mundo sabe que debería?

En los programas de liderazgo, el feedback aparece siempre en la lista de competencias que hay que trabajar. 

Todo el mundo asiente. 

Y en el día a día, casi todo el mundo lo evita.

No por desconocimiento. Las razones son más humanas que eso:

  • No quiero dañar la relación.
  • No es el momento.
  • Ya lo debería saber.
  • Tampoco es para tanto.
  • Si lo digo, se va a poner a la defensiva.
  • Prefiero esperar a ver si cambia solo.

Cada una de esas frases tiene lógica. 

Y cada una tiene el mismo coste: la persona no sabe qué impacto está generando, y el líder carga con una incomodidad que crece.

Lo que cuesta entender es que evitar el feedback no protege la relación. La deteriora más despacio. 

Y cuando finalmente explota, ya hay demasiado acumulado para que una sola conversación lo resuelva.

 

Feedback no es corrección: Es información del impacto

Una de las confusiones más frecuentes en los equipos es tratar el feedback como si fuera sinónimo de crítica. Algo que se da cuando algo va mal, que el otro tiene que aceptar, y que deja a alguien en deuda.

Eso no es feedback. 

Es evaluación unidireccional.

El feedback que desarrolla es información sobre el impacto que genera el comportamiento de alguien en el sistema. No sobre su intención, que casi siempre es buena. Sobre lo que llega.

Un líder que da feedback desde este lugar no dice «lo que hiciste estuvo mal.» 

Dice «cuando ocurre X, el efecto en el equipo es Y. Quiero que lo sepas porque me importa cómo trabajamos.»

La diferencia no es de forma. Es de propósito. Uno cierra. El otro abre.

Para tu reflexión

¿Das feedback para descargar o para desarrollar?

 

Feedforward: construir posibilidades

El feedback ayuda a tomar conciencia. El feedforward aporta algo diferente: ayuda a construir posibilidades.

Muchas personas ya saben lo que hacen y les limita. Saben que interrumpen demasiado, que delegan poco, que reaccionan con rapidez bajo presión. Y sin embargo, siguen haciéndolo. No porque no quieran cambiar, sino porque no saben cómo hacerlo de otra manera.

En una sesión de coaching, un manager reconoció algo que ya sabía de sí mismo: interrumpía con frecuencia. Su equipo se lo había dicho antes. Él también era consciente. No necesitaba más información; necesitaba una alternativa.

Entonces apareció una pregunta diferente: ¿Qué puedes probar que te ayude a escuchar más sin dejar de ser tú mismo?

Las ideas empezaron a surgir. Tomar notas antes de responder. Contar hasta tres antes de intervenir. Pedir a alguien del equipo que le hiciera una señal discreta. No se trataba de insistir en lo que estaba haciendo mal. Se trataba de construir una acción concreta que hiciera posible un comportamiento distinto.

Ahí es donde el feedforward aporta algo especialmente valioso. Porque muchas personas no necesitan más conciencia. Necesitan más posibilidades.

En Amagi solemos formular el feedforward así: «Te propongo esta acción porque creo que te puede permitir…»

La intención no es convencer al otro de que cambie. Es ofrecer una posibilidad que pueda experimentar y hacer suya.

No es una orden ni una corrección. Es una invitación a experimentar. Por ejemplo:

  • «Te propongo que al inicio de la reunión preguntes primero al equipo antes de compartir tu opinión, porque creo que te puede permitir recoger perspectivas que normalmente se quedan fuera.»
  • «Te propongo que reserves diez minutos semanales para revisar prioridades con tu colaborador, porque creo que te puede permitir delegar con más tranquilidad.»
  • «Te propongo que, cuando notes que estás a punto de solucionar, hagas una pregunta más antes de ofrecer la solución, porque creo que te puede permitir desarrollar más autonomía en el equipo.»

El feedback nombra el impacto. El feedforward abre la posibilidad de actuar diferente.

Para tu reflexión

  • ¿Qué feedback sigues escuchando sobre ti desde hace años?
  • Más allá de entenderlo, ¿qué acción concreta puedes probar para hacerlo diferente?
  • ¿Qué feedforward puedes pedir hoy a alguien de confianza?

 

La dirección más incómoda: de abajo a arriba

Hay una dimensión del feedback que casi ningún programa trabaja en serio: el que va del equipo al líder. No el feedback de la evaluación anual. El que ocurre en el día a día.

Es el colaborador que podría decirle al líder que su forma de comunicar genera confusión, que sus cambios de criterio desestabilizan al equipo o que cuando está bajo presión se vuelve inaccesible.

No basta con que el líder diga «puertas abiertas, podéis decirme lo que penséis.» Eso no crea seguridad. La crea su comportamiento cuando alguien se atreve.

Si la última vez que alguien le dijo algo incómodo el líder se puso a la defensiva, se justificó o cambió de tema, el equipo ha tomado nota. Y los equipos aprenden rápido. Aprenden cuándo merece la pena hablar y cuándo es más seguro callar.

Tres cosas ayudan especialmente a que el feedback suba:

  • Pedirlo de forma concreta: «¿Qué puedo hacer diferente en nuestras reuniones para que os resulten más útiles?»
  • Hacer algo visible con lo que se recibe, aunque no se esté de acuerdo con todo.
  • Normalizar la propia imperfección.

Cuando un líder dice en voz alta “sé que últimamente he estado poco accesible y quiero cambiarlo», no pierde autoridad. La gana. Porque el equipo ya lo sabía y acaba de comprobar que su líder también.

Para tu reflexión

¿Cuándo fue la última vez que pediste feedback a tu equipo sobre cómo te estás liderando a ti mismo?

 

Lo que se mide, se trabaja

Una última cosa que se olvida: el feedback necesita estructura para sostenerse, no solo buena intención.

Los equipos que dan y reciben feedback con regularidad no lo hacen porque sean más valientes. Lo hacen porque tienen espacios concretos donde eso ocurre: conversaciones periódicas de desarrollo, revisiones de proyecto con espacio para el aprendizaje o rituales de equipo donde nombrar lo que funciona y lo que no forma parte del trabajo, y no de la excepción.

A veces no hacen falta grandes sistemas. Basta con incorporar una pregunta al finalizar una reunión.

En algunos equipos con los que trabajamos, basta con reservar los últimos cinco minutos de la reunión para hacerse dos preguntas:

  • ¿Qué nos ha ayudado hoy a trabajar bien juntos?
  • ¿Qué podemos hacer diferente la próxima vez para que esta reunión sea aún más útil?

Lo interesante no son las preguntas en sí. Es el mensaje que transmiten: aquí hablar de cómo trabajamos también es parte del trabajo.

Nunca hemos tenido tanta información sobre cómo dar feedback. Podemos leer modelos, escuchar podcasts o pedirle a la IA que nos sugiera las palabras adecuadas. Y, sin embargo, seguimos evitando las conversaciones que más necesitamos tener.

Quizá porque el problema rara vez es saber qué decir. El problema es atrevernos a decirlo a tiempo. Y atrevernos también a probar algo diferente después.

Porque la conciencia es el inicio del cambio. La práctica es lo que lo consolida.

 

Una breve sesión de coaching para cerrar

Para ti

  • ¿Qué conversación estás evitando?
  • ¿Qué coste está teniendo ese silencio?

Para observar el sistema

  • ¿Qué ha aprendido tu equipo sobre lo que se puede decir?
  • Si alguien se atreviera a darte feedback hoy, ¿qué harías para que mereciera la pena volver a hacerlo?

En los programas de desarrollo de liderazgo de Amagi trabajamos el feedback y el feedforward desde situaciones reales del equipo: conversaciones pendientes, patrones que se repiten, impactos que no se están nombrando. No como técnica de comunicación, sino como práctica de liderazgo.

En el próximo artículo hablaremos de cómo los equipos aprenden del liderazgo incluso cuando el líder cree que no está liderando.

Isabel Juárez

Fundadora y CEO de Amagi

Si te has perdido las entregas anteriores de esta serie, puedes leerlas aquí:

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